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No toda la gente errante anda perdida.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Que te vaya sin mí.

Son las 2:10. Hace 10 minutos que procuré decirte adiós. Esta vez será la última. No te lo prometo a ti, se lo prometo a aquello que fue de mí. Después de 1.095 días, dos horas y 10 extraños minutos, soy libre. O por lo menos creo serlo. Y no sé exactamente qué debo sentir.


Llámame idiota por estar perdida en un mundo que dejó de aparentar ser maravilloso cuando tú lo movías a tu antojo. Quizá, volvió a llover demasiado. Tanto que mis creencias se inundaron. Y esta vez, tú con tus manos metidas en los bolsillos sonreías diciendo "qué quieres que haga, ya no tenemos nada que ver". Cierto. Ha llovido tanto que dejamos de navegar en el mismo océano. Dejamos de "tener algo que ver". Aunque hoy hace un día maravilloso. La vida dejó de estar nublada con absurdas convicciones, y ya parece funcionar bien. A salvo dejaron de estar mis esperanzas insalvables. Quiero decir, que no hay nada que arda mejor que la decepción. Y aún permanezco. Aquí sigo. Contándote uno de tus cuentos para no dormir, de esos que barren los tormentos bajo la almohada.
Y lo dejo. Abandono el papel de narrador de nuestra historia. De psicólogo de tu incomprensión. Y te dejo tu marchar y tu suerte de principiante. Sigo mi camino. Carretera y manta a Missouri. Sin todas esas cartas que nunca te envié y que quemé con aquello que solía ser. Y eso, que te vaya bonito. Que te vaya sin mí.

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